← Todos los artículos Diseño web

Lo que de verdad te cuesta una página web de $999

$999 es lo que pagas el primer día. Las cuatro cuentas que llegan después de una página web express, y cómo sacar la tuya antes de pagar o si ya la tienes.

Artículo completo

Pila de placas de vidrio translúcido, iluminadas en cian con algunos filos verdes, que se elevan sobre un fondo azul oscuro.

"¿Para qué pago más, si en el anuncio sale desde $999?"

Es una pregunta razonable. Si dos cosas se ven igual y una cuesta mucho menos, lo lógico es quedarte con la barata. Y en este caso se ven igual: una página con tu logotipo, tus servicios y tu teléfono, lista en poco tiempo.

El problema no está en el precio. Está en la fecha. $999 es lo que pagas el primer día. Lo que te cuesta de verdad una página llega después, en partes, y casi ninguna de esas partes aparece en el anuncio.

El precio del anuncio es el del primer día

Los anuncios de páginas web express y económicas suelen decir tres cosas: lista en horas, desde $999, todo incluido. Ninguna es mentira. Lo que pasa es que las tres hablan del día de la entrega y ninguna habla de lo que sigue.

Y una página no se termina el día que te la entregan. Ese día empieza a trabajar, o a no trabajar. Cambias un precio, abres otra sucursal, quieres agregar un servicio, decides cambiarte de proveedor. Cada una de esas cosas tiene un costo, y ese costo depende de acuerdos que casi nadie pone por escrito antes de pagar.

No siempre es mala fe. Muchas veces, simplemente no está escrito. Y lo que no está escrito, lo terminas pagando tú.

Una página barata no es cara por lo que cuesta. Es cara por lo que no dice que va a costar.

Las cuatro cuentas que llegan después

1. Cada cambio, aparte

El primer mes quieres cambiar una foto. El segundo, un horario. El tercero, agregar un servicio. Si el acuerdo no dice cuántos cambios incluye ni cuánto cuesta cada uno, cada cambio es una negociación nueva, y la haces cuando ya no tienes con qué negociar: la página es tuya, pero las llaves no.

Lo que suele pasar después es peor que pagar: dejas de pedir cambios. La página se queda con el precio del año pasado y el teléfono que ya no contestas, y nadie te avisa.

2. Mudarte sin las llaves

Un día quieres irte con otro proveedor. Ahí aparece la pregunta que nadie hizo al principio: ¿a nombre de quién está el dominio? ¿Quién tiene la contraseña del lugar donde vive la página? Si las dos respuestas son "del proveedor", mudarte deja de ser una decisión tuya. El dominio —la dirección de tu página— puede tardar en regresar a tus manos, y lo que ya construiste a veces no se puede llevar.

Esto ya lo tocamos al hablar de cómo comparar dos cotizaciones: ahí están las seis preguntas que conviene hacer antes de firmar. Aquí solo importa la consecuencia: lo que no quedó a tu nombre, no lo controlas.

3. Rehacerla desde cero

Algunas páginas se arman de forma que solo admiten lo que traían el primer día. Cuando tu negocio crece y necesitas otra cosa —un formulario que te avise, una sección nueva, una segunda ciudad— la respuesta es que no se puede ajustar, que hay que hacer otra.

Entonces el costo real de la primera no fue lo que pagaste. Fue eso, más el tiempo que estuvo publicada, más el de hacer la segunda, más todo lo que tienes que volver a explicar, escribir y revisar como si fuera la primera vez.

4. El cliente que se fue sin que te enteraras

Esta es la más cara y la única que no llega como cobro.

Alguien busca lo que vendes, encuentra tu página, no entiende en tres segundos qué haces o no encuentra cómo escribirte, y se va con el siguiente resultado. No te enteras. No hay recibo, no hay queja, no hay mensaje. Solo un cliente menos, que nunca sabrás que estuvo ahí. Si tu página recibe visitas y nadie escribe, las cuatro razones más comunes están revisadas en otro artículo.

Saca tu propia cuenta a dos años

No te vamos a dar cifras, porque cualquier cifra que te demos sin conocer tu caso es inventada. Pero la cuenta la puedes hacer tú, con tus números, en una hoja:

  1. Lo que pagas el primer día. El precio del anuncio.
  2. Lo que pagas cada año. Dominio, el lugar donde vive la página, correo. Pregunta qué se renueva y cuánto cuesta la renovación, no el primer año.
  3. Lo que vas a cambiar. Cuántas veces al año cambia algo en tu negocio: precios, horarios, servicios, fotos. Multiplícalo por lo que cueste cada cambio.
  4. Lo que vale un cliente para ti. Lo que te deja, en promedio, alguien que te compra. Si tu página pierde a uno al mes, ese número también va en la cuenta.

Suma los cuatro a dos años. Muchas veces la página barata sigue saliendo barata, y está bien. Otras veces descubres que el renglón cuatro pesa más que los otros tres juntos.

Si ya tienes una página express

No la tires. Antes de gastar en otra, revisa tres cosas esta semana, sin costo:

  1. Pide por escrito a nombre de quién está el dominio y guarda la respuesta.
  2. Pregunta cuánto cuesta un cambio sencillo, como actualizar un precio, y cuánto tardan.
  3. Ábrela en tu celular como si fueras cliente y cronométrate: ¿en cuántos segundos sabes qué vendes y cómo escribir? Pídele lo mismo a alguien que no conozca tu negocio.

Si las tres salen bien, tu página de $999 está cumpliendo. Si alguna sale mal, ya sabes qué arreglar primero, y casi siempre se puede arreglar sin empezar de cero.

Lo que esto no quiere decir

No quiere decir que lo rápido o lo barato esté mal. Una plantilla bien configurada es una opción legítima para muchos negocios, y hay páginas económicas que se entregan con todo claro desde el principio. Lo que cuesta no es el precio bajo: es lo que nadie puso por escrito.

Tampoco quiere decir que una página cara te proteja. Un presupuesto alto puede dejar fuera las mismas cuatro cuentas. La diferencia la hacen las respuestas, no el total.

Y una página, barata o no, es solo una parte del camino. Si no llega nadie, o llegan y nadie contesta a tiempo, el problema está antes o después de la página.


Si ya tienes página y quieres saber cómo salen tus cuatro cuentas, mándanos el enlace y te decimos qué vemos, aunque no la hayamos hecho nosotros. Si todavía no tienes, cuéntanos qué necesitas y te decimos qué sí te hace falta y qué no.

Escrito por Salvador Peña — SAMO Soluciones Integrales

¿Y en tu negocio cómo está esto?

Si algo de lo que leíste te sonó familiar, cuéntanos. Te decimos con honestidad si podemos ayudarte y por dónde empezaríamos.